La diferencia entre vivir la vida y darte cuenta de que la estás viviendo por Shaina Cabán

La diferencia entre vivir la vida y darte cuenta de que la estás viviendo por Shaina Cabán

Hay una frase que escuchamos todo el tiempo: Hay que ser agradecidos. 

Y aunque creo que es cierta, también siento que muchas veces la trabajamos mal. 

Como si la gratitud fuera una emoción que aparece cuando todo finalmente sale bien o si tuviera que ser el resultado de conformarse. Cuando conseguimos el trabajo que queríamos, terminamos ese proyecto que nos quitaba el sueño o llegamos a ese lugar que llevábamos años imaginando. Y en realidad, el agradecimiento aparece bien fácil en situaciones así 

Pero ¿y si la gratitud fuera una forma de recorrer el camino? 

Hace poco me di cuenta de algo que me pasa demasiado: casi siempre agradezco las cosas en retrospectiva. 

Termina un viaje y entonces pienso: qué increíble estuvo. 

Se acaba un proyecto y recién ahí entiendo cuánto aprendí. 

Salgo de un café con alguien que quiero y es de camino a casa cuando caigo en cuenta de lo mucho que necesitaba esa conversación. 

Como si siempre llegara unos pasos tarde a mis propios momentos. 

Desde entonces he estado intentando hacer algo diferente: darme cuenta un poquito antes. 

Mientras me tomo mi café favorito un martes cualquiera. Mientras mis amigos siguen llegando al mismo lugar de siempre. Mientras mi cuerpo todavía me permite correr, moverme y respirar. 

Mientras puedo llamar hogar al lugar al que vuelvo, aunque a veces el hogar sea una ciudad y otras veces sean las personas que me esperan en ella. 

Cuando recibí una caja con las palabras Grateful Heart, realmente recibí una invitación como recordatorio a mirar la vida de una manera diferente. 

Creo que un corazón agradecido empieza como una decisión. No porque sea fácil ni porque todos los días nos nazca de forma natural, sino porque decidimos entrenar nuestra mirada para reconocer todo lo que sí está ocurriendo mientras seguimos construyendo lo que todavía falta. 

Es fácil despertar pensando en el tapón, en la lista de cosas pendientes o en todo lo que aún no hemos logrado. 

Pero también podemos elegir empezar el día pensando: qué bueno que tengo un lugar al que ir. Qué bueno que tengo trabajo. Qué bueno que hoy tengo una nueva oportunidad para aprender algo, para volver a intentarlo o simplemente para compartir un café con alguien que quiero. 

La gratitud no cambia las circunstancias. 

No evita los días difíciles. 

No hace que desaparezcan las pérdidas, las decepciones o las preguntas que todavía no tienen respuesta. 

La vida sigue siendo vida. 

Pero un corazón agradecido nos ayuda a mirar la otra cara de la moneda. Esa que nos recuerda que, incluso en medio de lo difícil, todavía existen razones para tener esperanza. Que todavía hay personas que nos sostienen. Que todavía hay momentos que merecen ser vividos con atención. Que todavía hay belleza en las cosas más sencillas. 

Y es curioso lo que pasa cuando uno empieza a vivir así. 

Lo que al principio era una decisión termina convirtiéndose en una forma de habitar el mundo. 

Empiezas a disfrutar más las conversaciones. 

A celebrar más los avances, aunque sean pequeños. 

A darte cuenta de que los momentos que más vas a extrañar, probablemente, son los que hoy parecen completamente normales. 

Quizás eso es, al final, un Grateful Heart. 

No vivir creyendo que todo está bien. Sino elegir no dejar que lo difícil te robe la capacidad de reconocer todo lo bueno que también sigue estando ahí. 

Porque la gratitud no hace la vida perfecta. Pero sí hace que la vida se sienta más viva. 

Y, a veces, ese pequeño cambio de perspectiva es suficiente para descubrir que la belleza nunca estuvo en esperar un gran momento. 

Siempre estuvo escondida en los pequeños momentos que estaban ocurriendo mientras mirábamos hacia otro lado. 

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